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En la época actual de la fotografía digital hasta un principiante sin entrenamiento fotográfico puede grabar imágenes técnicamente competentes y, con la ventaja de la edición digital de prueba y error en el sitio, llevar a casa fotografías de calidad. Por lo tanto, no sorprende que casi todos los que tienen una cámara moderna puedan decir que son “fotógrafos”. Entonces, ¿qué es lo que separa al aficionado del profesional?, ¿qué hace que a un fotógrafo profesional valga la pena pagarle por su trabajo? La respuesta es el ojo del fotógrafo, la fuerza de la composición, el conocimiento de la luz, el dominio del color y del tono. Para el fotógrafo editorial esto también tiene que ver con un sentido de la historia y el instinto para registrar el momento decisivo. Un fotógrafo documental debe combinar todos estos elementos para crear una imagen que valga la pena.
Mucho de lo que separa las fotografías documentales artísticas de las imágenes rutinarias no es tan evidente para el observador casual. Inundado diariamente por fotografías comerciales y entretenido por videos y películas, la mayor parte del público en general tiene poca simpatía o interés en imágenes que nos digan algo acerca de nosotros mismos y de nuestros semejantes. Esto se acentúa particularmente en países en Centroamérica donde las artes en general están en la última fila de la conciencia nacional y la fotografía, como arte, raramente se toma en serio. En Nicaragua esto es aún una pena mayor que en los otros países de la región, ya que el país está bendecido con algunos de los mejores fotógrafos de América Latina, muchos de los cuales tienen la habilidad de elevar el oficio a una forma de arte.
Fue una suprema confianza en el amplio reservorio de talento fotográfico de Nicaragua, la que inspiró el esfuerzo monumental exigido para concebir y producir este libro de fotografía. Sin embargo, Los Nicaragüenses no se concibió únicamente para mostrar la calidad de los fotógrafos participantes, sino también para revelar algo único acerca de los nicaragüenses. Su meta fue crear un documento que revelara en su totalidad a la gente de Nicaragua, y hacerlo con un nivel sin precedentes de calidad y estilo.
No todos los artistas participantes en este libro son fotógrafos documentales, la mayor parte de ellos son fotoperiodistas, un primo hermano de la fotografía documental y otros trabajan en diferentes campos de la profesión, aunque todos han utilizado su vasta experiencia para trabajar en el estilo documental. Lo que tenían en común los fotógrafos que trabajaron en este proyecto es su talento técnico y artístico, pues ellos se encuentran de seguro entre los mejores que ha visto el país. Fueron contratados por los creadores de este libro para dispersarse por toda Nicaragua y fotografiar todo el país. La tarea de los fotógrafos fue tan amplia como retadora: tomar imágenes de cada aspecto de la vida humana en Nicaragua. Su desempeño fue brillante.
Cada fotógrafo fue asignado a una zona específica del país, se le dió una lista de posibles imágenes y fueron enviados al mismo tiempo. Durante un corto período se dispersaron por toda Nicaragua, introduciéndose, colándose en sus esquinas, caminando por los campos, pueblos y ciudades. Para algunos de ellos esto implicó volar en avionetas livianas hasta localidades de difícil acceso como Waspán o Bonanza, otros utilizaron vehículos 4x4 para penetrar en la profundidad del interior rural de Nueva Segovia, Jinotega y Chontales. Muchos de los fotógrafos viajaron en bote, acurrucando su equipo para protegerlo mientras se salpicaban con el agua empujada por las olas desde el Lago de Nicaragua hasta Laguna de Perlas, mientras otros disfrutaron la relativa comodidad de trabajar en las ciudades de Managua, León y Granada. A todos se les encomendó retos únicos.
Los fotógrafos periodísticos están acostumbrados a cubrir noticias. Cuando toman una cámara su propósito es claro y su objetivo por lo general está consciente de que él o ella es noticia. Trabajar como fotógrafo documental implica que el periodista debe adaptarse para ver su propia historia y encontrarla en la vida diaria y común. También debe convencer a su objetivo para que acepte su intromisión, el interés aparentemente inexplicable de su cámara.
Para el fotógrafo de anuncios o comercial el reto fué aún mayor. Sacado del estudio o al menos despojado del control acostumbrado sobre la luz y el objeto, el fotógrafo comercial cuando toma fotos de la vida real navega sobre aguas extrañas. Debe enfrentarse con una luz de trasfondo fuerte, la lluvia, el cielo nublado y caras descarnadas. Es un universo extraño, carente de modelos, artistas del maquillaje y estilistas.
Incluso para el documentalista experimentado, esta tarea no fue un paseo fácil. A la mayoría de ellos les lleva meses o años fotografiar un tema único. Están acostumbrados a trabajar en forma metódica, laboriosa. Si un fotoperiodista es el conejo, que obtiene sus imágenes en el calor del momento y las lleva a la imprenta, el documentalista es la tortuga, que camina lenta y pesadamente en la oscuridad, usando un calendario en lugar de un reloj de pulsera.
Para el libro Los Nicaragüenses todos los artistas de la fotografía recibieron un tema de gran amplitud, un lienzo enorme para pintarlo con gran belleza en un tiempo limitado. No hubo ocasión para forjar una relación con los objetos antes de fotografiarlos, ni desarrollar contactos para asegurar el acceso a tomas de potencial interés. Era un trabajo agotador contra el reloj que también demandaba resultados únicos, sublimes. Es como ser lanzado desde un avión y se le pida escribir una brillante colección de poesía antes de chocar con la tierra.
El resultado final es único para la historia tanto de la fotografía como del arte en Nicaragua. Los Nicaragüenses permite al lector experimentar el alma de Nicaragua inmediatamente. Viajar en canoa con la gente del río Coco y del río San Juan al mismo tiempo, cosechar arroz con los campesinos en la isla de Ometepe o caña de azúcar en Chinandega o asistir a una boda en Managua y Puerto Cabezas en forma simultánea. Al ver las extraordinarias fotografías contenidas en este libro, es difícil no tener una apreciación mayor de lo que significa ser nicaragüense. Las imágenes recopiladas en Los Nicaragüenses exponen el país a lo largo y a lo ancho, jugando, trabajando, en la ciudad y en el campo, jugando béisbol o arrodillándose ante Dios, navegando de mar a mar, desde el amanecer hasta el atardecer y danzando hacia la noche.
Los historiadores probablemente verán en retrospectiva este libro de fotografía como el registro antropológico visual más completo del pueblo nicaragüense hasta ahora realizado, pero el amante de la fotografía y del arte probablemente lo vea como un trascendente ensayo fotográfico, una carta de amor visual para la gente de Nicaragua.
Tristemente muchas imágenes de talla mundial no pudieron incluirse en este libro; de hecho, el prolífico trabajo de primera calidad realizado por los fotógrafos en toda Nicaragua el pasado noviembre produjo excelentes imágenes para hacer al menos tres libros de fotografía. Los editores de este libro realizaron la penosa tarea de eliminar cientos de fabulosas imágenes para lograr una colección equilibrada y fácil de asimilar, de fotografías, que no sólo llene una amplia gama de temas, sino que también logre una distribución equitativa de lugares, manteniendo a la vez alguna apariencia de balance demográfico. Si bien el proceso de selección fue angustioso, también fue una revelación, pues reforzó aún más la creencia de que Nicaragua ha sido bendecida con algunos de los más talentosos fotógrafos y reafirmó el hecho de que la gente nicaragüense es una de las más bellas del mundo.
Richard Leonardi
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Margarita Montealegre , Nicaragua, 1956 |
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Moisés Matute , Nueva Segovia, Nicaragua, 1974 |
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Oswaldo Rivas , Matagalpa, Nicaragua, 1966 |
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Pablo Aragón , Nueva Guinea, Nicaragua, 1977 |
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Thomas Stargardter , Costa Rica, 1966 |
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Wilmor López , Managua, Nicaragua, 1957 |
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Urania Valenzuela , Estelí, Nicaragua, 1981 |
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Mayerling García , Estelí, Nicaragua, 1980 |
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Mario López , Managua, Nicaragua, 1961 |
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Germán Miranda , Chontales, Nicaragua, 1959 |
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